Hoy vengo a hablarte de la salud mental desde mi experiencia personal, como estudiante, foránea, o simplemente como una persona normal.
Durante los últimos años, creo que he llorado más veces de las que puedo contar. He tenido días donde sentí que no podía más, donde de verdad caí. Días en los que dejé de comer, o simplemente mi cuerpo no reaccionaba y pasaba horas en mi cama sobre pensando. He tenido ataques de ansiedad, y he llorado en los momentos más inesperados posibles.
Es importante aclarar que vivo sola desde hace 2 años, por lo que hay días en los cuales simplemente no llego a hablar con alguien o interactuar. Esto complicó mucho la situación, desear estar cerca de mis personas favoritas pero no poder por infinidades de circunstancias.
Pensé que reprimir mis emociones era la respuesta a tanta tristeza. Que fingir estar bien, y no querer volver a casa para no sentirme sola, era la clave. Pero llega un punto en que el cuerpo habla, y el corazón duele.
Conozco más la clínica que ciudad a la que mudé. A veces hasta llego a pensar que me gusta enfermarme porque el trato es tan amable que no me hace sentir sola los domingos. Es curioso que casi siempre vaya un domingo. Sin embargo, el enfermarme físicamente también me enferma mentalmente. Levantarme una madrugada, tener ganas de desmayarme del dolor y pedir mentalmente fuerzas para no hacerlo porque estoy sola es frustrante.
Y es ahí donde te das cuenta de que la única persona que puede rescatarte de ese hueco eres tú mismo. Es curioso que para descubrir eso tengamos que caer tan profundo. Pensar en ti, cuidarte y amarte es la clave para aprender que después de cada caída hay una subida, y esa es la mejor parte.
Actualmente deseo poder seguir levantándome las veces que hagan falta, porque sé que valgo la pena. Porque esta vida, con todo y lo difícil, la vale. Porque cada intento, cada experiencia, cada error, es lo que nos fortalece. Tengo miedo de caer, pero ese miedo me motiva a ser precavida, a aprender a cómo reaccionar y a conocerme.
Está bien no estar bien. Pedir ayuda no es malo. Escuchar sana, y hablar renueva. Si algún día te sientes en un abismo, no dudes en pedir ayuda. Y recuérdate, cada día, regalarte el mejor recuerdo de ti mismo.
No olvides ser tu propio aliento. Yo soy mi propio aliento.
Gracias por leerme, escribir esto me hace sentir valiente. Si algo de esto te tocó, o simplemente necesitabas leer que no estás solo en esto, me encantaría saber de ti. Puedes escribirme, contarme tu historia, o simplemente decirme cómo estás hoy. Aquí estoy, dispuesta a escuchar. ❤️🩹





